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Mono González: “Que los políticos vean la calle, la pobla y dejen de vivir una realidad ficticia”

La fachada de un colegio en Punitaqui

De metal y hormigón es el más reciente bastidor del muralista y artista plástico Alejandro “Mono” González. Confinado en Punitaqui durante esta cuarentena, el fundador de la Brigada Ramona Parra y su equipo recogieron el llamado a concretar la fachada del nuevo liceo de la zona desde una interpretación local de identidad, historia y futuro.

El frontis de la escuela destacará la herencia cultural que habitó el norte del Aconcagua y que hizo de los valles y quebradas de Coquimbo una rica zona de tránsito de las que sobreviven evidencias de arte rupestre.

“Evidencia de que, desde mucho antes de la llegada de los españoles, acá había mucha calle y expresión artística como la de ahora”, cuenta el muralista nominado al Premio Nacional de Artes Plásticas 2021 por la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, el Museo a Cielo Abierto de San Miguel, la Fundación ProCultura y la Galería Lira. Se refiere a los petroglifos y pictografías de grupos cazadores y pescadores que datan en torno al 2000 a.C.

“Estamos usando el filete o dibujo recortado en metal con corte láser, textura pigmentada y estuco con color que genera un brillo opaco, con volumen y relieve para la figura. No es un mural de llegar y pintar, es una estructura de 11 metros de ancho por casi 4 de alto que recibirá a los estudiantes con una referencia histórica en metal y hormigón. Si alguien quisiera borrarlo, tendría que botar el muro”, explica González al cierre de una de las jornadas de soldadura y corte que su equipo de 6 personas realiza de sol a sol cerca de Montepatria y que debería estar listo el 20 de julio.

Al igual que la característica pedestre de los primeros habitantes que dejaron sus petroglifos en la zona, Mono González explica que, algo de esa aura, los llevó a ser convocados para este proyecto financiado por el Concurso Nemesio Antúnez del Ministerio de Obras Públicas.

“Como no hubo otros proveedores y las condiciones de acá son particulares, se buscaba artistas urbanos, de calle, dispuestos a trabajar bajo estas rigurosidades de frío, calor y a veces lluvia a las que estamos acostumbrados”, dice.

Mono González, Carlos Salazar (c)

“El grafitero tiene que saber que la historia muralista no se inició con el tag. Tenemos huellas del ser humano pintadas en la roca de valles y quebradas desde hace cientos de años. registros de un tránsito feroz de zonas que se creen deshabitadas hoy. Recolectores, pescadores, pastores y gente que comercializaba como en las calles de hoy, cruzaban estas zonas demarcándolas con su propia señalética a lo largo de vertientes de agua, valles y quebradas que eran la calle de esa época. estos petroglifos, eran su poesía, sus símbolos y evidencia de que Chile no comenzó hace 200 años”, agrega el docente de la carrera de Artes y Oficios de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

Oriundo de Curicó, González egresó de Diseño Teatral desde el Instituto de Teatro de la Universidad de Chile (ITUCH) en los años 60, donde se dejó impregnar por la influencia de artistas como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros para desarrollar una rúbrica personal que se propagó por los muros de Chile y el mundo a partir de su trabajo con la Brigada Ramona Parra.

La comuna como base cultural de la nación

– Ese estilo se expresa también en su trabajo reciente de Punitaqui. González cree que son tiempos muy similares a las propuestas de cambio de hace medio siglo… desgraciadamente, dice, las problemáticas sociales tampoco han cambiado.

“Desde octubre del 2019 toda esta calle de la que estamos hablando, como pizarra para la expresión popular y sus demandas de justicia social, se reivindicó con el uso del muro para el grafiti, el stencil, el mensaje sobre distintos sentimientos y opiniones que se hacían puertas adentro durante muchos años”, destaca sobre el auge del feminismo, la relación con la institucionalidad y la necesidad de un cambio fundamental como el que estamos viendo en la Convención Constitucional.

“El muro es el soporte de todos. A algunos no les va a gustar ver rayados y dibujos, pero la gente se tiene que expresar. ¿De qué otra manera lo va a hacer? Esa pregunta también dio lugar a otras manifestaciones como la performance, las marchas, las banderas, los mitines, las letras de canciones. La gente se desinhibió y se soltó produciendo un arte callejero muy bien hecho que no es panfletario y ha perfilado a un ciudadano que participa activamente de la democracia. El arte hoy es para todos, no para las élites o grupos privilegiados”, señala.

“Las primeras referencias que hicimos hace 50 años en el mural y la gráfica tenían que ver con el triunfo de Salvador Allende. Eran murales donde ilustrábamos las 40 medidas de ese programa inédito, la importancia de la nacionalización del cobre, de mejorar la salud, el acceso a la vivienda y acabar con la precariedad. ¡Lo mismo que se plantea ahora! ¡Medio siglo después! Los temas son los mismos, entonces, ¿Hemos avanzado o no? Este país se ha ido vendiendo más y más caro cada vez y para acceder a los derechos, hay que comprarlos. Nuestros sueños de hoy tienen que ver con una sociedad más justa y eso es lo que pintamos”, cree el muralista de 74 años, director artístico del Museo a Cielo Abierto de San Miguel y fundador del festival La Puerta del Sur, que reúne a grafiteros chilenos y artistas internacionales pintando la ribera del Mapocho.

Mono González, Carlos Salazar (c)

-¿Cómo está su expectativa en estos tiempos en que muchos de esos cambios parecen estar en marcha?

“Si tú me preguntas si pienso que toda esta injusticia se acabará, te diría que ojalá. Porque a medida que avanza la historia, también surgen nuevos problemas. Por ejemplo, cuando empezamos a pintar no existía el rodillo ni el spray, pero los avances se manifiestan en todas las áreas, hasta que aparecen también nuevas contrariedades. Mira lo que ha pasado con el Covid. Hasta hace un par de años, una pandemia así parecía de ciencia ficción. Era algo que no nos había tocado vivir…”

“¿Qué nuevos conflictos vienen? Si antes era el petróleo o la nacionalización del cobre, ahora vendrán por el agua y así. A menos que contemos con una sociedad más justa, más equilibrada y sensata, podremos repartir buenas condiciones para todos y cuidarnos en colectivo. Actualmente las diferencias sociales de muchos se agudizan por la avaricia de pocos.”

– A lo largo del proyecto de construir una nueva institucionalidad, ¿Se ha identificado más con alguna iniciativa constituyente?

“Más bien he lamentado que muy poca gente haya propuesto, a nivel constituyente, iniciativas de política pública cultural. De hecho, extrañé que tan pocos de estos representantes provengan de fuera de la fuente cultural. Me ha gustado cómo se ha tratado de manera transversal el apoyo a una causa de representación real de los pueblos originarios, algo que es requisito para la identidad y la refundación de la república que todos soñamos. Una sociedad donde los valores cambien y dejemos de hablar en singular.”

“Ese es el principal problema de esta sociedad cercada por el modelo neoliberal donde el metro cuadrado de concreto se cuida más que al medio ambiente y donde el presidente declara la guerra contra quienes le exigen justicia. Necesitamos que la justicia mejore su salud, que los políticos que han estado ya mucho tiempo en sus cargos se renueven. Que aprovechen de volver a ver la calle y ver lo que pasa en la pobla, que la conozcan en primer lugar y dejen de vivir en esa realidad ficticia que han reproducido por décadas hasta que las cosas estallan.”

-¿Esa institucionalidad cultural la ha visto representada en alguna campaña de las elecciones recientes?

“Algo que he dicho tímidamente, porque aún no se asientan los alcaldes electos, es que muchos de ellos, cuando fueron candidatos -principalmente la izquierda-, pidieron a los artistas que los apoyaran, que les pintaran logos, murales o les compusieran canciones, pero no han presentado proyectos culturales.”

“Cuando se trata de la influencia del trabajo territorial, las unidades municipales deben preocuparse de crear mejores ciudadanos, fortalecer el patrimonio, la cultura, sensibilizar a nuevas audiencias y cuidar a las que ya existen. Creo que, en ese ámbito, el trabajo comunal es la base de todo. Es lo que está pasando acá en Punitaqui, donde todo el trabajo cultural que se ha hecho es de escala municipal, centrado en la población, los colegios, toda la vida. Es desde lo local donde nace resaltar referentes como los pueblos originarios, el arte local tradicional o los tesoros humanos vivos y proyectar eso a nivel nacional.”